24 de octubre de 2009

LA COMUNICACIÓN DE MARADONA

En los últimos días, Diego Armando Maradona ocupó las primeras planas de los diarios, las conversaciones de oficina y las columnas de muchos blogs por sus declaraciones en la conferencia de prensa posterior a la clasificación de la selección argentina de fútbol para el Mundial de 2010.

Para quienes no saben aun a qué me refiero, los invito a ver el siguiente video, con la advertencia de que contiene expresiones no muy aptas para menores.



Como futbolero de alma que soy, quiero ensayar un modesto análisis de la comunicación de Maradona, dejando de lado todos los comentarios del campo de la ética, sobre los cuales se han publicado artículos varios, en su mayoría críticos. Tómelo el amigo lector como un pasatiempo sin grandes pretensiones, aunque no por eso carente de cierta seriedad que proviene de una inquietud profesional. Este texto es un juego, pero con recursos de nuestra disciplina que plantean interrogantes genuinos.

¿Es Maradona un buen comunicador? Vamos a recurrir a David Berlo -a quien ya nos hemos referido en este espacio- para tratar de determinarlo.

En primer lugar tenemos que tener en cuenta que el emisor de un mensaje comunica de una manera u otra según su percepción del receptor que tiene frente a sí. En el caso del protagonista de nuestro análisis, él mismo declaró después de su ruidosa conferencia de prensa que había hablado con su mamá y le había pedido perdón si había estado mal con sus declaraciones, pero lejos estuvo de pedir disculpas a los periodistas en cuestión. Puede parecer banal, pero no es un detalle menor: Maradona tiene un mensaje para cada público.

Una vez recordado este punto, veamos las cualidades que reúne un comunicador en el acto de comunicar. La fuente de un mensaje posee siempre cuatro factores de análisis: habilidades comunicativas, actitudes, nivel de conocimiento y sistema socio-cultural. Tenemos que husmear en cada uno de ellos para comprender la conducta de Maradona, un verdadero caso de estudio en lo que a comunicación popular se refiere.

En cuanto a las habilidades de comunicación, debemos mirar las habilidades del habla, no las de escritura, porque es la primera vía la que Maradona usa prácticamente siempre. Por ende, entra en juego la comunicación corporal y gestual, una herramienta que Maradona maneja con comodidad para expresar disgusto, autosatisfacción o suficiencia, entre otras. En la conferencia de prensa, por ejemplo, podíamos ver cómo el técnico de la Selección se tapaba el rostro con una toalla para refrescarse mientras un periodista le hacía una pregunta, o tomaba agua con el mentón ligeramente hacia arriba, sobrando la situación y adoptando una posición dominante. Al empezar la reunión de prensa, pronunció palabras de enojo hacia los que lo habían criticado, y lo hizo con el cuerpo inclinado hacia delante. Una vez que hubo terminado, decretó: "Ahora otra pregunta", diferenciando claramente esa introducción de lo que pudiera venir, es decir, dándole un rango de importancia fundamental en el conjunto de sus dichos, en los que reafirmó lo que había dicho al principio.

Maradona no se distingue por su fluidez en el habla, sino que suele entrecortarse y repetir palabras. Pero es muy claro cuando quiere transmitir un mensaje (aun cuando al día siguiente pueda desdecirse de él, pero eso es otro problema), aunque sea objeto de reproches por los términos y expresiones que utiliza.

Aquí pasamos a otra cualidad del comunicador: su sistema socio-cultural, que lo hace enmarcar sus expresiones en ciertas características tradicionales del macho argentino: ingenio, orgullo, sentimentalismo, autoexaltación, intolerancia y narcisismo. No estoy haciendo una evaluación ética de Maradona sino una enumeración sociológica de ciertas cualidades que le dan marco a su comunicación, y que hay que tener en cuenta al interpretarla.

Cuando hablamos del sistema socio-cultural de Maradona tenemos que entender que él ocupa un rol en la sociedad local, que es el de símbolo o ímán de muchas características típicas del tan analizado ser argentino, y en función de eso siente que está habilitado para hablarle a todos los públicos y de todos los temas. Su percepción en cuanto al "lugar" que ocupa en el mundo lo llevan a reclamar un espacio en el centro del escenario público permanentemente, y a la vez se ubica a sí mismo como representante de los sectores más sufridos de la sociedad, casi como esos personajes de Dostoievski que cargan sobre sí con la cruz de toda una clase descastada.

Su creatividad a la hora de opinar sobre temas tan diversos es famosa, y lo acomodan en la agenda del escenario público, no solo en los medios de comunicación sino también en las conversaciones de oficina, en las mesas familiares y por supuesto en el ámbito deportivo al cual pertenece originalmente, aunque lo haya trascendido de sobra. Puede decirse que Maradona es un constante creador de agenda, y el mejor ejemplo es el último: cuando todos suponíamos que al día siguiente del partido de la eliminatoria para el Mundial estaríamos debatiendo cómo mejorar el juego del equipo, él transformó esa discusión en un debate sobre los medios y el lenguaje.

Ahora bien, la habilidad que Maradona tiene para encodificar sus mensajes -vale decir, a la hora de hablar- no encuentra reciprocidad a la hora de decodificar los mensajes que percibe desde el otro lado del mostrador, como receptor también influido por los factores de actitud, habilidad comunicativa, conocimiento y sistema socio-cultural. Su escucha -y su ulterior interpretación- se ven afectadas por ruidos internos y externos, toda vez que recibe las críticas como agresiones, y los elogios como confirmaciones de lo que él ya piensa. Su sistema de escucha exacerba la vieja teoría de la percepción selectiva de Lazarsfeld, según la cual el receptor tiende a exponerse a la información más afín a sus actitudes y a evitar los mensajes que le resultan discordantes (o en el caso que analizamos, a interpretarlos de acuerdo a su esquema amigo-enemigo). "Dalma y Gianinna me decían quiénes hablaban mal de mí", afirmó el personaje en cuestión. Ellas filtran su escucha, como representación emocional de su sistema de valores.

Pasemos a la actitud de Maradona, otro de los factores que afectan su comunicación. Está claro que el DT de la selección se mira a sí mismo con mucho orgullo por lo que percibe como una lucha victoriosa contra males más o menos superados y enemigos que lo rodean y quieren verlo derrotado; esto se mezcla con su actitud hacia "los de afuera", hacia esos periodistas y "todos los que no creyeron" en él. En otras palabras, se contempla a sí mismo con cierta autocondescendencia que lo protege psicológicamente de mayores culpas y depresiones por problemas que arrastra, y es en cambio impiadoso con quienes no convalidan ese sistema. Si tuviéramos que definir esa actitud con un adjetivo, quizás "defensivo" sería adecuado.

Con respecto a su conocimiento de los temas, Maradona no tiene reparos en opinar de lo que le pregunten, y la calidad de sus respuestas suele variar según el tema: desde el fútbol, un ámbito en el que se maneja con total autoridad, hasta el campo de la política, la religión o la moral.

Este tema da para muchos párrafos. Podríamos sintetizar todo lo expuesto afirmando que Maradona se constituye en centro de la agenda pública, lo cual le da un poder considerable sobre el escenario público, aun cuando sea cuestionado.

En segundo lugar, su comunicación tiene leyes propias, que no admiten tamices convencionales en cuanto a la elección de gestos y palabras, y esta conclusión nos lleva a la tercera: Maradona impone códigos propios que es necesario tener en cuenta a la hora de interpretar sus mensajes, y a la vez se nutre de un sistema socio-cultural establecido que le presta comportamientos y hábitos en los que se refleja gran parte de la sociedad argentina.

Para muchos, Maradona es un ícono de la cultura argentina, que incluso tiene su propia identidad expresada en ese mágico número 10, en el que se condensa una especie de Aleph borgeano más modesto que el del ilustre escritor. Por esa representación impuesta que hace del inasible ser argentino, Maradona es capaz de situarse más allá de sus dones, sus males y sus defectos -es decir, más allá de sí mismo- y sentenciar frente a cincuenta mil personas emocionadas que, después de todo, "la pelota no se mancha".

3 comentarios:

Martín Fernández dijo...

Hola Ignacio, te estaba por dejar un comentario sobre lo bueno que me había parecido el post en general, y la frase: "Maradona tiene un mensaje para cada público", y veo un link a Internalcomms!

Un placer haber participado del post, que sin dudas es de los más interesantes que leí al respecto.

Había seguido varias notas (yo también son fulbolero furioso, tendríamos que organizar un partido 2.0 de bloggers, twitteros, gente de la web... etc), decía, había leído varias notas, la de Caparrós es la que más recuerdo, y pensaba: "falta un buen análisis comunicacional".

Y llegó nomás.

Un abrazo

G&F Impronta dijo...

Muy buen análisis, de un tema del que se hablo mucho y con poco contenido.
Una salvedad, cuando Maradona pide disculpas a las mujeres y a su madre, lo dice con la palabra, pero lo niega con sus gestos. La incongruencia entre lo que dice y lo que gesticula es casi de manual. Deja caer los parpados de manera pesada, mueve su cabeza en claro gesto negativo y mueve sus hombros del mismo modo...
Asi que, por mi parte doy por sentado que MARADONA, no pide disculpas: una actitud definitoria.
Felicitaciones por tu claridad,
Saludos

Mónica

Ignacio Duelo dijo...

Mónica: Gracias por tu elogio. Esto es un pequeño ensayo, seguro que el tema da para un libro entero, y más si pensamos que en la comunicación de Maradona hay muchas características del argentino promedio.

Martín: Gracias por la opinión. Estaba muy bueno ese post tuyo sobre la percepción selectiva, muy ilustrativo. Ahora bien ¿qué ibas a opinar del mensaje de Maradona para cada público?