21 de octubre de 2009

EL LIDERAZGO AL ESTILO JESUITA

Los manuales de liderazgo ocupan las estanterías de todas las librerías, y muchos de ellos son muy útiles para el lector sediento. Pero el libro que hoy comento -"El liderazgo al estilo de los jesuitas: Las mejores prácticas de una compañía de 450 años que cambió el mundo"- es una obra original, y trata sobre las enseñanzas que San Ignacio de Loyola y sus seguidores dejaron... a los líderes de nuestro tiempo.

No es un libro de carácter religioso, valga la aclaración, sino un conjunto de reflexiones de Chris Lowney, un hombre que perteneció a la orden jesuita y después trabajó como director en JP Morgan, en sus oficinas de New York, Tokio, Singapur y Londres. No hay que ser creyente o católico para aprender de sus enseñanzas, porque ellas se aplican a todos los órdenes de la vida. En mi caso, el hecho de llevar el mismo nombre que el extraordinario fundador de los jesuitas reforzó mi intención de leerlo.

El libro, cuyo título original es "Heroic Leadership: Best Practices from a 450-Year-Old Company that Changed the World", fue editado en 2003, y busca transmitir a los líderes de hoy cuatro ingredientes básicos que según el autor deben tener presentes para lograr sus metas: autoconocimiento, creatividad, amor y heroísmo. Estas cualidades, que pueden sonar un tanto románticas, no resultan serlo cuando el lector recorre las páginas donde el autor describe las peripecias de San Ignacio y de otros personajes que llevaron el mensaje de la Iglesia a los rincones más alejados del mundo, en un momento de crisis como lo fue la Reforma de Lutero y Calvino. El éxito de la Compañía de Jesús, que Loyola fundó a principios del siglo XVI, perdura hasta hoy, y constituye un caso de estudio que puede inspirar a quienes buscan visiones, valores y modelos para sus organizaciones.

Uno de los primeros puntos que aclara Lowney es que todos somos líderes. La concepción moderna de que el líder es ese ejecutivo que obtiene éxitos ruidosos y maneja una gran cantidad de gente es falsa: cada quien es líder, o debe serlo, en lo que hace y en el espacio en que le toca. Un padre de familia, un carnicero, un escritor, un maestro o un colectivero, todos son líderes porque con sus conductas -que constantemente comunican algo- están transmitiendo valores y visiones. Piénselo el lector por un segundo, y verá que esto es así.

La obra de Lowney va mechando los cuatro pilares del liderazgo jesuita -autoconocimiento, creatividad, amor y heroísmo- con ejemplos históricos de jesuitas que encarnaron esas cualidades. El espacio no alcanza aquí para desarrollar someramente cada uno de los cuatro; bástenos decir que el amor no debe sonar como una aspiración romántica sino más bien como una disposición positiva hacia los nuevos talentos e iniciativas, una motivación que se transmite a los seguidores, quienes son líderes a su vez y de sí mismos.

El amor como ingrediente del liderazgo es, en palabras del autor: "visión para ver el talento, potencial y dignidad de cada persona; valor, pasión y compromiso para desatar ese potencial; y lealtad y mutuo apoyo resultantes, que vigorizan y unen los equipos". Lo dicho no es otra cosa que el clima positivo que debe reinar en todas las oficinas y grupos de personas, tan pregonado por las áreas de comunicación interna de las organizaciones. No solo en esa área: la relación con un periodista puede cambiar para mejor cuanto mejor lo tratemos y más lo respetemos. El temor, como la mentira, tiene patas cortas.

Otro concepto de este libro que me llamó la atención fue el de "indiferencia", que es el desapego por las cosas del mundo. En un terreno puramente profesional, la ausencia de barreras mentales que impiden tantas veces conquistar las propias metas: miedo al cambio, inestabilidad laboral, desconfianza sobre las propias capacidades, entre otras.

El libro es muy ameno porque el autor va relatando las proezas de distintos jesuitas en el Sudeste asiático, en la desconocida China, en la inmensa India y en la selvática Misiones. Esas hazañas, y la construcción de una red educativa inédita en todo el mundo, fueron el fruto visible de pequeños grandes liderazgos forjados en la escuela jesuita, desde un líder fundador que supo transmitir un ideario a su organización, hasta los miembros de la orden que fueron creativos y heroicos para desafiar los terrenos más desalentadores.

La obra puede parecer un tanto rebuscada en sus primeras páginas, pero el solo hecho de empezar su lectura indicará que el lector busca algo no convencional, y allí lo encontrará, en palabras de un hombre que estuvo en los dos ámbitos: el espiritual y el empresarial. Este libro no habla solo de valores, sino también de éxitos rotundos que son posibles sobre la base de un liderazgo cimentado en -digámoslo una vez más- el autoconocimiento, la creatividad, el amor y el heroísmo.

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