18 de julio de 2009

MICHAEL JACKSON CONTRA MICHAEL JACKSON

La reciente muerte del Rey del Pop, a quien ni siquiera es necesario mencionar por su nombre, produjo innumerables artículos, reportajes y reflexiones en los medios de comunicación tradicionales y comunitarios. Uno de ellos (que me envió mi mamá, cabe el crédito) me hizo pensar en el personaje que terminó tragándose al músico. En el Wall Street Journal, Bill Wyman escribió el 15 de julio último "La Tragedia de Michael Jackson". Allí critica la tendencia masiva a victimizar al músico y afirma que fue él mismo quien terminó siendo su peor enemigo, con su énfasis en la apariencia estética, su desprecio de la creatividad musical que lo había lanzado a la fama y su incursión en "absurdas campañas de relaciones públicas".

Muchos artistas modernos -y deportistas también- ya no basan su reputación solo en su creatividad sino también en verdaderas maquinarias de marketing y comunicación que los sustentan y terminan siendo su principal sostén cuando la experimentación musical y la imaginación se van esfumando en pos de una abultada cuenta bancaria y un aburguesamiento condescendiente consigo mismos. El caso de Michael Jackson, en este punto, no difiere de otros que por no ser antipático no mencionaré, pero se destaca por su triste y repentino final.

Esta reflexión viene a cuento de que la comunicación es capaz de crear verdaderos monstruos que se alejan de sus originales. Lo que empieza como un complemento termina siendo el centro del personaje, y el arte -o sea, la razón de ser de la marca- queda relegado a una mera condición accesoria bajo una máscara que por definición es artificial.

Michael Jackson era de tez negra y con un rostro diferente al que tenía en su última época. Su apariencia física es toda una metáfora ¿exitosa o violenta? de lo que la comunicación -en este caso, a través de recursos de imagen entre sus seguidores y el mercado de la música pop- puede alcanzar, pero también puede ocasionar en términos de efectos no deseados. El "show business", que le dicen...

Michael Jackson se transformó en un producto de consumo y lo hizo con maestría, ya no como músico sino como una marca provista de atributos a la medida de la demanda. Pagó un precio demasiado alto por ello, cuando la marca se devoró la identidad original de su dueño. Tal como señala Bill Wyman en el final de su excelente nota: "Michael Jackson era más viejo que Elvis cuando murió, pero murió de la misma manera: solo con la única persona que podría haberlo salvado".

2 comentarios:

Senior Manager dijo...

De todos los artículos que he leído sobre el tema, este ha sido el único que ha despertado mi interés por las reflexiones tan importantes que encierra...

Es decir, hay que tener cuidado cuando estemos creando nuestra marca personal, pues ésta podría devorar a nuestra verdadera identidad y es allí en donde empezamos a correr peligro...

No sé si conoces mi interés por la marca personal y que doy charlas sobre como crearla en función de ayudar en la búsqueda de empleo... en cualquier caso lo que quería decir es que voy a incluir esta moraleja la próxima vez que hable del tema...
Buen post (decile a tu madre).
Slds
SM

Ignacio Duelo dijo...

¡Gracias, Senior! Mi madre es una atenta lectora que sabe de mis aficiones, así que como la música y la comunicación son dos de ellas, me envió el artículo.

A mí el tema de la marca personal me interesa mucho y lo sigo siempre, al igual que a tu blog, un infaltable en mi Bloglines.

Si quieres leer la nota entera, imprímela antes de que la pongan en el archivo pago. No sé cómo lo maneja el WSJ a eso.