24 de junio de 2008

LA COMUNICACIÓN Y LA VERDAD

Parece un tema básico y sobreentendido, pero no lo es. Todo comunicador se topa con la pregunta: ¿Hay que decir siempre la verdad? Vayamos por partes.

En primer lugar, cabe repasar lo que dicen las grandes asociaciones de relaciones públicas. La Arthur Page Society tiene como principio número uno decir la verdad. La Global Alliance for Public Relations and Communication Management tiene en su sitio web una sección especial sobre ética, y un Protocolo Global sobre Ética en las Relaciones Públicas que incluye un compromiso con la veracidad. La IPRA (International Public Relations Association) tiene un código de conducta (el Code of Athens) que entre sus principios manda no subordinar la verdad a otros requerimientos. El CERP (Confederación Europea de Relaciones Públicas) adoptó en abril de 1978 un código de ética que fue adoptado por 18 asociaciones de 15 países europeos, y cuya cláusula tercera ordena que los comunicadores demuestren honestidad e integridad en su desempeño como tales. La PRSA (Public Relations Society of America) también tiene un código de ética que incluye como uno de sus valores profesionales a la honestidad. Finalmente, la IABC (International Association of Business Communicators) ofrece un "código de ética para comunicadores profesionales", que habla de una comunicación "verdadera, exacta y justa".

Podríamos seguir, pero hasta aquí, más allá de la utilidad de esas asociaciones como referencia de autoridad en la materia, cabe preguntarse: ¿Y en la práctica cómo andamos? Los escándalos de compañías que informaban datos falsos en sus balances en los Estados Unidos constituyeron un problema urgente para los comunicadores, dado que la credibilidad perdida por sus colegas en el rubro financiero se trasladaba naturalmente a toda la profesión. Fernanda Grimaldi comentaba en su blog el conflicto que se dio en Estados Unidos a raíz de ciertas declaraciones que cuestionaban la pretendida honestidad de los relacionistas públicos. La PRSA le contestó de inmediato diciendo que la verdad y la precisión son la crema del oficio de las relaciones públicas ("The bread and butter of the public relations profession", es la expresión en inglés). Kami Huyse, al referirse a este tema, sostuvo que hay dos clases de comunicadores: los que ven a la profesión como una tarea de intermediación entre una organización y sus públicos para encontrar soluciones mutuamente beneficiosas, y los que ven a esta actividad como un juego de suma cero, donde los intereses inmediatos de la organización siempre están por arriba de los del público.

Con estas polémicas, los comunicadores profesionales perdemos credibilidad. Jim Horton, en su propio espacio, copiaba las declaraciones del nuevo vocero de Barack Obama, quien manifestaba su sorpresa porque el candidato demócrata le había pedido decir siempre la verdad, y aclaraba que viniendo del terreno del periodista, él esperaba otra cosa.

En el terreno de la Web 2.0, además del clásico problema de la verdad, existe una inquietud permanente por los falsos blogs, es decir, aquellos escritos por falsos clientes, quienes desinteresadamente hablan bien de la organización. Otro problema derivado de los medios comunitarios en la Web 2.0 es el de las campañas virales que se presentan como algo amateur y terminan siendo una manipulación de una organización para difundir su marca. Leandro Zanoni ha contado en su blog algunos de estos casos.

No todos los comunicadores piensan que haya que decir siempre la verdad, como hemos reflejado en este espacio.

Mi opinión, por si hace falta aclararla, es que siempre hay que decir la verdad. Está claro que no es tan fácil hacerlo en ciertas ocasiones, y que hay una zona gris donde la frontera entre verdad y mentira es difícil de distinguir. ¿Está mal callar información que puede ensombrecer lo que estamos comunicando? ¿Se puede evitar males mayores con una mentira que constituye un mal menor? ¿La verdad es toda o con una parte alcanza?

Estas reflexiones de hoy no tienen pretensiones de cerrar el tema, sino más bien de dejar ciertos interrogantes planteados, que tal vez no sean más que la aplicación a la profesión de comunicador de los dilemas que se nos plantean en la vida cotidiana, cualquiera sea su área de actuación. Volveré sobre este tema en otra ocasión.

La imagen de arriba corresponde al cuadro "La Verdad", del pintor neoclásico Jules Joseph Lefevre. Está expuesta en el Musée D'Orsay de París.

7 comentarios:

Grupo de Comunicadores dijo...

Estimado Ignacio: sin tratar de hacer un juicio de valor sobre la verdad creo que es importante resaltar que en el mundo mediático no se habla de verdad o mentira. Sino de dos conceptos relacionados con la verosimilitud. De hecho las noticias también son llamadas historias, lo que nos lleva al mundo de los relatos y la interpretación de los hechos. Y como se dice comunmente...en el escenario público, gana la mejor versión.

Ignacio Duelo dijo...

Has dicho, justamente, una gran verdad. En mi texto quise referirme al aspecto ético de la cuestión. En esta profesión siempre está presente el dilema entre verdad y éxito, que a veces coinciden y a veces no. Creo que de todas maneras, la verdad a la larga no solo es lo correcto sino lo más conveniente, porque la verosimilitud termina tropezando si está vacía de verdad.

Ahora bien, está claro que además de mostrar la verdad, debe parecer que la estamos mostrando. Es decir, si somos honestos también debemos parecerlo, ya que podremos ser atacados eficazmente si además de serlo no lo parecemos. Aquí deben confluir verdad y verosimilitud.

Gracias por tu aporte.

Martín Fernández dijo...

Hola Ignacio,

Interesantísimo tu post. Creo que es un debate profundo el que se puede dar al respecto. Y como siempre, gracias por los links.

Un abrazo

Gestión Cultural dijo...

Ignacio: Estoy preocupado. Estamos a poco de las celebraciones del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Se trata de un festejo que lleva bastante organización y los países que comparten el subcontinente americano también están trabajando duro en la organización de sus respectivas conmemoraciones.
Se me encienden unas luces de alerta cada vez que el vocablo Bicentenario es mencionado en el marco del conflicto con el campo. Los argentinos de todas las edades sabemos que la maquinaria política fabrica "malas palabras" a partir de vocablos de uso regular. Se cuentan por decenas las palabras que tienen "connotación" negativa, asignada durante un conflicto o porque se la utilizó en un ambiente de tensión.
Mi preocupación es que el vocablo "Bicentenario" llegue todo ajado al 2010, muy manoseado y, lamentable sería, muy devaluado en su significado natural.
Ojalá tuvieses unos minutos para hacernos un comentario sobre este particular. Muchas gracias.

Norberto,
Técnico en Gestión Cultural.
Luján (Bs As)
http://gclujan.zoomblog.com/

Pedro Gutierrez dijo...

Excelente, les recomiendo que vean este video http://www.elgranpez.org/es/

Pedro Gutierrez dijo...

Me gustó mucho el artículo, los invito a que visiten http://www.elgranpez.org/es/

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