15 de marzo de 2008

ALGO ANDUVO MAL

Ya hace más de un año que me había referido a los errores de ortografía en la comunicación escrita. Al ver la tapa del diario Olé del sábado 15 de marzo, recordé aquellas líneas y no pude resistir la tentación de insistir en el tema.

"Se levantó y andó", titula el periódico en letra gigante. Su intención era hacer un juego de palabras con el nombre de un delantero llamado Lazzaro que había convertido dos goles. Y en un primer momento dudé de si el error no habría sido un recurso de la publicación para llamar la atención. Pero llegué a la conclusión de que no, de que había sido solo negligencia. El pretérito perfecto simple del verbo "andar", en la tercera persona del singular, es "anduvo".

¿Cuánto perjudica esto al medio? Depende de su público. Si éste tiene un nivel cultural alto, ciertamente los errores de ortografía son negativos. Pero si los lectores del Olé privilegian otros factores en la decisión de compra, este error pasa a ser anecdótico.

Lamentablemente, con la escritura suele ocurrir lo que sucede con la comunicación en general. Dado que todo el mundo escribe, bien o mal, todos piensan que saben escribir y se resisten a mejorar su redacción a través de un buen curso, un corrector de rutina o un simple diccionario. Y quien pretende elevar el nivel de redacción de un texto es acusado a veces de perfeccionista, purista u obsesivo.

Ahora bien, aún cuando uno pretende respetar el lenguaje en el sentido de cuidar las reglas de ortografía y gramática, es el público el que determina si este aspecto de la comunicación es importante para decodificar lo que queríamos comunicar. En suma, podemos cometer un error de ortografía más o menos considerable en la redacción de una gacetilla, por ejemplo, pero el periodista avezado lo corregirá sin más, y el circuito de comunicación seguirá su curso sin inconvenientes.

Por supuesto, repito que en lo personal la corrección en la redacción me parece esencial, y así lo practico en el día a día. Pero en tren de ser pragmáticos, no creo que su ausencia resulte siempre un problema para la comunicación. Esto dependerá de los destinatarios de nuestro mensaje, que valorarán en mayor o menor medida la importancia de la ortografía y la gramática en su interpretación de lo comunicado, y en la imagen que se formarán de nosotros.

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