20 de febrero de 2008

FUERA DE CONTEXTO

En el diario inglés Financial Times fue publicada una columna de Michael Skapinker titulada "How to avoid being quoted out of context" ("Cómo evitar ser citado fuera de contexto"). La nota se refiere, tal como indica el título, a aquellas situaciones en que alguien hace alguna declaración en términos poco felices, y tiene que salir a aclarar lo que dijo y no dijo.

Para ello, cita varios casos que sirven de muestra. Por ejemplo, una opinión del precandidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, Barack Obama, sobre el desafío a la sabiduría convencional que había permitido a los republicanos dominar el escenario político de ese país durante 10 o 15 años. Esa afirmación fue utilizada por su contrincante en las primarias, Hillary Clinton, para atacarlo por un supuesto apoyo a las ideas del oficialismo actual.

Como conclusiones finales, Skapinker recomienda tres cosas: que la conclusión de lo dicho sea clara y repetida como para que no pueda ser malinterpretada, cuidar las palabras que usamos y tener a alguien para corregirnos a tiempo, especialmente cuando hablamos en un idioma que no dominamos.

Lo opuesto a esta práctica es el uso intencional de expresiones ambiguas para que lo dicho no pueda ser interpretado unívocamente. El ex presidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos (más conocida como Fed), Alan Greenspan, hizo de esto un arte, y su jerga llegó a conocerse como "Fedspeak". En cierta ocasión, dijo a un legislador en el Congreso: "Sé que usted cree que entiende lo que piensa que dije, pero no estoy seguro de que se dé cuenta de que lo que escuchó no es lo que quise decir". (Sin embargo, en una página de frases sobre comunicación de la Texas Schools Public Relations Association, la confusa afirmación aparece adjudicada a Richard Nixon).

Greenspan tenía sus razones para no comunicar claramente cuáles eran las intenciones que ocultaban sus palabras, como ejecutor de la política monetaria norteamericana. Se reservaba cierta dosis de sorpresa en sus decisiones.

En muchas ocasiones, quien habla se equivoca y más tarde se arrepiente de lo dicho echándole la culpa a los periodistas, o a su flojo dominio de otro idioma, o al dichoso contexto. A veces tiene razón, y a veces no. En otros casos, alguien dice algo y después se arrepiente públicamente, pero por dentro se felicita de haberlo dicho. Por último, hay quienes hablan con poca claridad, y a propósito. El idioma tiene esos inconvenientes, y ofrece esas posibilidades.

Actualizo: la columna de Michael Skapinker fue enriquecida dos días después con una carta de lectores en el mismo Financial Times.

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