24 de diciembre de 2007

NAVIDAD

Si hay algo que no puede dudarse de la figura de Jesús en la religión católica es su inmenso poder de comunicador, a partir de su misma concepción, que fue anunciada a la Virgen María por un arcángel, hasta su ascensión al Cielo. Toda su vida y su doctrina fueron anunciadas por apenas 12 apóstoles, un grupo de rústicos pescadores que de improviso salieron de una casa llenos de sabiduría y hablando en todos los idiomas posibles, o lo que es lo mismo, adaptándose a cada uno de sus públicos.

El nacimiento de Jesús se destaca por su novedad en medio de un mundo gobernado por el César de Roma. Los ángeles corren a anunciar la buena noticia a los pastores, quienes a su vez, en esa época, eran obvios propagadores de noticias de aldea en aldea. Creyentes y no creyentes empezaron a preguntarse qué había detrás de aquel hombre que se salía de todas las convenciones de la época, y a la vez se comunicaba con ellos a través de parábolas donde, a través de figuras de la vida cotidiana como un simple sembrador o un buen pastor, se revelaban sentencias misteriosas y descripciones de otro mundo.

Tal como dijera Juan Pablo II el 23 de diciembre de 1998, "con este acontecimiento, que conocemos tan bien por el evangelio, Dios entró en la historia del hombre para quedarse con nosotros hasta el fin. A lo largo de dos mil años, desde Belén se ha difundido por todo el mundo el gran mensaje de amor y reconciliación."

Vaya si ha sido eficiente la Iglesia en difundir el mensaje. Experta en ello, fue la primera en crear un organismo dedicado a la comunicación, la "Propaganda Fide", y en la figura de Jesús se encuentran innmuerables ejemplos de su atención a la necesidad de comunicar a través de acciones y palabras.

He escrito este texto en mi condición de católico, porque además de comunicador uno tiene varios perfiles en una sola persona. A quienes comparten mi fe les deseo una muy feliz Navidad con sus familias, y a quienes no lo hacen, agradecerles la lectura y desearles un gran final de año.

La ilustración que acompaña estas líneas (y se puede observar mejor clickeando sobre ella) es una obra de Josefa de Óbidos, una pintora portuguesa que vivió entre 1630 y 1684. Su nombre es "Presepio. Adoración de los Pastores", y está en el Museo Nacional de Arte Antiguo de Lisboa.

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