18 de septiembre de 2007

COMUNISTAS, NAZIS Y PROPAGANDA

Una obra clásica de la literatura comunicacional del siglo XX es "La Propaganda Política", de Jean-Marie Domenach (1922 - 1997). En ella, el autor se refiere al desarrollo de la comunicación política en la primera mitad del siglo XX, y muy especialmente en los regímenes nazi y stalinista.

A partir de la Revolución Francesa y el surgimiento de Napoleón, comenzó la evolución de las artes para difundir las acciones de un gobierno, o una corriente política, a través de nuevas técnicas que el desarrollo industrial no hizo más que estimular. Las grandes concentraciones humanas en las ciudades y la despersonalización de las relaciones sociales hicieron que el destinatario de cada mensaje fuera encuadrado en el novedoso concepto de masa. Los diarios se expandieron con rapidez, al igual que los nuevos medios de transporte (el tren fundamentalmente), las telecomunicaciones y los medios de comunicación como las agencias de noticias, la radio y la televisión más tarde.

En 1917 tuvo lugar en Rusia la Revolución Bolchevique, acaudillada por líderes que sabían muy bien cómo dirigirse a las masas campesinas y obreras para sumarlas a su causa. Más tarde, el nazismo también instrumentó técnicas nuevas de propaganda para hablarle a la masa o a la mayoría, que según las despreciativas palabras de Goebbels, "no solo representa la ignorancia, sino también la cobardía". Ambas doctrinas o ideologías fueron pioneras en la comunicación política, y merecen ser examinadas a pesar del juicio moral que nos provoquen, porque sus técnicas fueron aplicadas más tarde por gobiernos y corporaciones occidentales, y podemos observarlas también en la actualidad.

No es lo mismo justificar una doctrina o aplicar sus técnicas de manipulación que analizarla para saber qué sucedió en determinada época o qué se usa hoy y ahora.

Domenach enumera y explica en su libro ciertas reglas que el comunismo y el nazismo aplicaron en su accionar propagandístico. Son las siguientes:

1- Regla de la simplificación y el enemigo único: La doctrina debe ser resumida en unos pocos puntos clave, con un objetivo por vez. Además, la individualización del adversario permite darle al público un blanco visible, que siempre tiene más fuerza que un mal abstracto u oscuro.

2- Regla de la exageración y la desfiguración: La exageración hace resaltar todas las noticias favorables a uno, y por la desfiguración se sacan frases de contexto y se les da la interpretación más conveniente a los propios objetivos.

3- Regla de la orquestación: Esto consiste en la presentación repetida de un solo tema o idea-fuerza, pero de distintas maneras y bajo diversos nombres, para diferentes públicos.

4- Regla de la transfusión: Por este método la comunicación no busca modificar radicalmente el pensamiento y los gustos del público, sino apoyarse en ellos para usarlos como plataforma de su propia propuesta. Ya hemos dicho en otra columna que las personas tienden a prestar atención a aquello que refuerza sus convicciones o alguna de ellas.

5- Regla de la unanimidad y el contagio: Esto anticipó la teoría de Noelle-Neumann sobre la espiral del silencio, es decir, sobre la tendencia de cada persona a alinear sus opiniones con las de la mayoría, debido al miedo al aislamiento en caso de no coincidir con ellas. La comunicación política, para Domenach, tiene muchos recursos para crear una ilusión de unanimidad sobre determinada cuestión. En cuanto al contagio, consiste en recurrir a determinados personajes públicos que con sus opiniones influyen fuertemente al resto de la sociedad. Y también se usa como medios de contagio a las marchas, las campañas, las músicas y otros.

El libro de Domenach tiene aún más contenidos interesantes, y fue una de las primeras que analizó el fenómeno de la comunicación política. Resulta divertido ver los medios de comunicación que él enumera o utiliza para dar numerosos ejemplos de lo que explica, sin siquiera imaginar un mundo conectado mediante Internet. La presencia de esta obra es indispensable en toda biblioteca que siga estos temas.

A modo de posdata, dejo un breve video sobre la propaganda de gobierno en la Rusia comunista, y otro acerca de los métodos de difusión en la Alemania de Hitler, realizado con la colaboración del Holocaust Research Project.


4 comentarios:

ALTA IDEA / Img & Cñ. dijo...

Este libro que vos comentas, lo tengo en mi biblioteca personal como una reliquia!
Coincido con lo que expresas sobre los medios de comunicación que se mencionan. Tal vez las nuevas generaciones les cueste la lectura al tratar de imaginarse esos tiempos y esas formas de comunicación. Pero no deja de ser una herramienta indispensable de consulta a la hora de tratar el tema de propaganda política.

Un abrazo!

Eduardo Cano.-

Ignacio Duelo dijo...

Esta menor disponibilidad en los medios de comunicación, desde ya, limitaba la posibilidad de los públicos de saber realmente qué estaba pasando en muchos casos. Hoy resulta extraño imaginar esto, pero si pensamos que prácticamente no había fuentes independientes de información en la Rusia comunista o en la Alemania nazi, eso permite comprender que la opinión pública estuviera masivamente volcada a los partidos monopólicos. Y no es necesario remontarse a esos tiempos: en la Argentina también hubo períodos de monopolio en el manejo de los medios de comunicación, y los ciudadanos se enteraron de muchos sucesos, prácticas y acciones varios años después de que ocurrieran. Con la aparición de Internet y los medios comunitarios o "social media", la posibilidad que tiene un gobierno de manipular la información está mucho más acotada, aunque en las sociedades subdesarrolladas y poco digitalizadas la dependencia de los medios tradicionales sigue siendo fuerte y muy influyente.

Mariel dijo...

no conocía el sitio,
buscando información sobre Domenach para un TP de Opinión pública llegué acá.
cuando pase la oleada de parciales lo navegaré en profundidad.

Saludos de una estudiante de Gobierno y Relaciones Internacionales!

Ignacio Duelo dijo...

Me alegro de que te haya servido, Mariel. Yo también estudié Relaciones Internacionales, y después me especialicé en comunicación.