1 de agosto de 2007

¿POR QUÉ VOTAN COMO VOTAN?

La campaña electoral para la presidencia ha comenzado en la Argentina, y es oportuno preguntarse qué define el voto de la gente. Por supuesto, si la respuesta fuera una y cierta, la comunicación de campaña sería coser y cantar. Pero he ahí el gran secreto.

En primer lugar, aunque sea una obviedad, no está de más recalcar que las circunstancias nunca son las mismas en un país o en otro. Y dentro de cada país, provincia o municipio donde se vota, el mensaje que sirvió en algún momento no sirve en el siguiente turno.

Al bucear en los motivos que tiene una persona para decidir su voto a tal o cual candidato, la primera pregunta que surge es sobre la racionalidad del voto. Pero aquí surge una visión equívoca de la racionalidad. La decisión de quien vota al candidato que le regaló un bolsón de comida es igual de racional que la de aquél que vota en aras de lo que para él es mejor para el país en el largo plazo. Lo que cambia es el sustento de esa racionalidad, que puede ser más o menos maduro. Pero no corresponde subestimar el voto originado en la dádiva del puntero político.

Otro motivo oculto muchas veces en la decisión de voto -aunque en menor medida que en la respuesta a una encuesta, lo cual trae no pocos dolores de cabeza a los consultores- es la espiral del silencio. Esto no es otra cosa que la presión social sobre una persona para que, con la amenaza implícita del aislamiento, actúe de una forma tal que siga el consenso básico de la mayoría.

En tercer lugar, el posicionamiento de un candidato en la mente del elector -al igual que una marca- es importante en la decisión. Muchas veces, lo que inclina la balanza no son las propuestas sino la imagen del candidato, revestida de elementos emocionales a veces indescifrables para el analista.

Llegamos así a la conclusión: Además de factores demográficos objetivos, existen condicionantes de otro orden en las decisiones electorales de las personas. Y en muchos casos, hay códigos directos entre el elector y el elegido, a través de los cuales el elector se identifica con el candidato aunque no analice sus propuestas ni conozca ciertos antecedentes de él.

Según señala Manuel Mora y Araujo, en cuya obra "El poder de la conversación" me he basado para este análisis primario y necesariamente insuficiente, "si existieran grupos políticos con capacidad de establecer una comunicación adecuada con los sectores sociales bajos de la Argentina, el peronismo dejaría de establecer esa suerte de monopolio de la representación de los de abajo".

De aquí a comprender la importancia de la comunicación para cambiar percepciones inconscientes durante una campaña hay un solo paso.

Actualizo con un artículo sobre este tema publicado en el diario La Nación, pocos días después de escribir estas líneas.

No hay comentarios.: