17 de agosto de 2007

JUBILADO PERO NO OLVIDADO

Sería ideal que un jubilado de nuestra organización pudiera retirarse a gozar de un merecido descanso en una playa como la de la imagen. No podemos asegurar eso, pero sí debemos pensar siempre en esa persona como un "stakeholder" de nuestra empresa.

El empleado que se jubila pasa a menudo a ser ignorado por la organización a la que le ha dado años de vida, y esto no puede ser soslayado por quienes llevan adelante la comunicación de esa organización.

Estas reflexiones surgieron en mi inquieta cabecita a raíz de una nota publicada en el diario económico español Cinco Días, titulada: "Empresas que miman a sus ex empleados". En ese artículo, se muestran distintos ejemplos de compañías que implementan foros o eventos exclusivos para aquellos que han formado parte de su plantel. Llegué a ella a través del blog Protocolo y Comunicación, de María Luz Álvarez.

En este espacio ya habíamos señalado que el público interno emite mensajes hacia afuera, que gozan de una credibilidad y una cercanía tal frente al público externo que no puede ser desaprovechada. En el caso de los jubilados, la veteranía es vista en gran medida como sabiduría, y por ende sus opiniones son más respetadas aún. Si un jubilado habla de una empresa en la que trabajaba, ésta no puede controlar ese mensaje, pero puede crear lazos con esa persona que lo induzcan a predisponerse favorablemente frente a ella.

Sería bueno invitar a la fiesta de fin de año a los jubilados, o dedicarles una sección en el house organ que también se les enviará a ellos, o un beneficio o regalo en su cumpleaños. Además de ser una acción éticamente correcta, es conveniente para la construcción de una reputación positiva, sobre todo en sociedades en las que los jubilados tienden a sentirse relegados.

A determinada altura, el regalo más grande que se le puede hacer a una persona no es una hamaca paraguaya en una playa del Caribe, sino un sincero y agradecido reconocimiento que le acaricie el espíritu.

4 comentarios:

Aquiles dijo...

Hola, es la primera vez que visito tu blog.

Comento lo que dices, con permiso:

Está muy bien eso de cuidar la reputación, y está aún mejor lo de tener presente el lado ético.

Pero ¿no te parece que esos jubilados también pueden ser útiles?

Llevan muchísimos años enfrentándose a problemas que no podemos ni imaginar.

Y ese es el auténtico drama de muchas empresas de hoy: el señor de más de 50 años que te contaba historias (útiles) ya no está.

Ignacio Duelo dijo...

Por supuesto, yo me refiero acá a una posibilidad en materia de comunicación.

Lo que vos planteás (que si no me equivoco, es la sobrevaloración de la juventud frente a la experiencia) ya es un problema de administración y selección del personal que no es intención de este espacio tratar aunque como ciudadano de la calle opine como vos.

No obstante, tal vez nos referimos a grupos distintos: el mío es el de los jubilados de más de 60 o 65, y el tuyo es el de aquellos que "jubilaron" prematuramente porque no consiguen trabajo en ningún lado. Creo que son dos problemas distintos.

De todas maneras, tu comentario también me lleva a pensar que los jubilados podrían también aportar su experiencia en talleres de liderazgo, comunicación interpersonal o manejo de medios, si restringimos el pensamiento a temas de comunicación. Además, se podría recurrir a ellos en cursos de capacitación interna para temas específicos de la actividad de cada organización. Esto comunicaría también dos mensajes claros: Nuestra organización valora la experiencia y somos una comunidad.

Está claro: la organización que no se comunica con sus jubilados les comunica indiferencia.

Gracias por el comentario.

Benito Castro dijo...

Aquí hay un aspecto interesante a tener en cuenta. La esperanza de vida crece. Vivimos más y con capacidades, físicas y mentales impropias por mejores, sólo, 30 años atrás. Si a eso le sumamos la mejora del poder adquisitivo, es obvio que la gente de 60-65 es útil desde un punto de vista profesional, pero no nos olvidemos de otra perspectiva, la de la persona que se retira: ¿quiere ella estar en contacto con el mundo laboral después de más de 30 años trabajando?

Ignacio Duelo dijo...

Ese es un punto interesante, Benito. Hay quienes se marchan hartos de todo, y no les interesa siquiera recibir un house organ. Quizás se les podría preguntar al momento del retiro, como parte de un cuestionario mayor sobre su experiencia con la empresa, si les gustaría recibir información periódica de ella o participar de ciertas actividades.