5 de julio de 2007

JEFE Y LÍDER

A través del excelente blog Comunicación Interna, de María Gil-Casares Gasset, he accedido a un artículo muy bueno sobre las cualidades que se piden actualmente en un jefe. No citaré el texto, ya que está reproducido en la fuente mencionada.

Todo lo que quiero decir es que cada día se me hace más clara la necesidad de una inteligencia emocional elevada en un jefe, o mejor dicho, en un líder. La diferencia es que la definición de líder comprende ese tipo de inteligencia, mientras que son muchos los jefes que no la tienen.

Existen muchos jefes llenos de inteligencia de números, o inteligencia práctica, o inteligencia lingüística. Pero a la hora de comunicarse con sus subordinados, la más importante es la emocional.

Un jefe debe adaptarse a las personas con las que trabaja, no para igualar hacia abajo en el caso de que los note necesitados de ciertos recursos, experiencias o ideas, sino para lograr que sus objetivos se cumplan con mayor eficiencia. La comunicación interpersonal ocupa el centro de la escena en un proyecto que inevitablemente es común a todos quienes trabajan dentro de un mismo grupo, aún cuando no exista otra afinidad entre ellos más que la casualidad o infortunio de tener que trabajar juntos.

Los mejores proyectos pueden naufragar cuando falla la comunicación entre el jefe y sus subordinados. Si estos no ven en aquél comprensión, disposición a la escucha, sensibilidad ante sus inquietudes, coherencia entre el decir y el ser, y autodominio de sus propias emociones, seguirán viéndolo siempre como un jefe, pero nunca como un líder. Luego, la motivación de esas personas serán la obediencia legal o la compensación monetaria, pero no la identificación con las metas y valores de su organización, que según Katz y Kahn es la más efectiva de las motivaciones.

Si las personas se identifican con los valores, las palabras y las acciones del líder, todo será más fácil, porque aquellos irán más allá de sus meros intereses y superarán lo razonable en aras de un compromiso con una persona que los identifica.

Actualizo con un artículo que encontré en La Nación, en la misma línea de lo escrito en este espacio.

3 comentarios:

María Gil-Casares Gasset dijo...

Ignacio:

Gracias por tu comentario. Te felicito por tu blog. Estoy de acuerdo con que no es nada nuevo. Si quieres que te diga la verdad, pienso que está casi todo dicho y lo que hay que conseguir es ponerlo en práctica.

Ignacio Duelo dijo...

María:

Creo que esto es parte del cambio cultural necesario en tantos lugares de trabajo. El recambio natural también hace lo suyo, me parece.

Gracias por el elogio.

Anónimo dijo...

que vuenos comentarios que lastima que yo no tenga un lider pero que pudiera hacer para tenerlo pporque trata a las personas si pida cono ficha o numeros como si fuera una carsel