2 de marzo de 2007

DE LA MENTIRA NO SE VUELVE

Me entero a través del boletín Update de la revista Imagen de que la Universidad de Westmister y la revista PR Week organizaron un debate sobre la ética en la profesión de comunicador. El profesional Max Clifford y Simon Goldsworthy, académico de la casa, sostuvieron que decir la verdad no es siempre la mejor política, mientras que Simon Lewis y George Pitcher, otros dos profesionales de la comunicación, opinaron que la industria de las Relaciones Públicas debería seguir prácticas más honestas y transparentes.

La idea de Clifford, según la síntesis publicada en el sitio de la universidad, es que el comunicador debe mentir en ciertas ocasiones para llegar a un fin bueno. Es decir, el viejo dicho: “El fin justifica los medios”.

Lo preocupante, en mi opinión, es el resultado de la votación realizada en el momento entre todos los concurrentes al debate. La mayoría (138 votos) tomó la postura del derecho a mentir en determinadas situaciones, frente a los 124 que se pronunciaron por la honestidad a toda prueba.

Si un grupo importante de comunicadores respalda en un ámbito académico el uso de la mentira como recurso, estamos en problemas. Además del principio esencial de veracidad que a mi juicio todo comunicador debe seguir en virtud de su propia misión en la realidad socioeconómica, hay también un cuestionamiento por el lado de la conveniencia de mentir. La credibilidad de los comunicadores, puesta en duda desde siempre por quienes nos califican de manipuladores, se reduciría aún más a medida que la postura a favor de la mentira se viera en los hechos y llegara al gran público que nos observa.

Es una triste ironía que mientras se dan debates sobre cómo mejorar, paradójicamente, la reputación de los comunicadores profesionales, muchos de ellos justifiquen la suspensión del deber moral de decir la verdad en nombre del pragmatismo.

El ejercicio diario de la profesión es complicado y a menudo pueden presentarse “zonas grises” donde la mentira parece ser un recurso indicado. Sin embargo, es difícil volver de ella. En todo caso, el silencio es salud y uno es dueño de sus silencios.

A modo de posdata, aconsejo la lectura del texto del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales sobre la ética en las comunicaciones. Este organismo está dentro de la estructura de la Curia Romana del Vaticano, y también divulgó en febrero de 1997 un texto sobre la ética en la Publicidad. Aún para un no católico, sus líneas pueden revelar viejos principios universales que deberían ser tenidos en cuenta, a juicio de quien esto escribe, al ejercer la maravillosa y colorida profesión de comunicador.

1 comentario:

Benito Castro dijo...

Estoy en contra de asumir el uso deliberado ( u oportunista) de la mentira en la tarea del comunicador. El otro día cuando incluí la entrada en mi blog relativa a que una media verdad no es una mentira (como se dice), si no el 50% de la información disponible, quise exponerme al máximo con un tema difícil como es la ética.

Mi punto de vista es que el comunicador debe soportar la lógica de la empresa/ o institución y que (se supone) éstas desarrollan una trayectoria válida, con sentido común, razonable y honorable. En este sentido, como afortunadamente me he sentido (con sus más y sus menos) en las empresas en las que he trabajado, es sencillo soportar una estrategia de comunicación basada en la verdad. Ahora cuál es el nivel de la verdad aplicable a la tarea del comunicador: el 100% de ella, siempre. Esto es sencillamente imposible. Es como si te presentan a una persona con unos cuantos kilos de + y por aquello de decir la verdad, siempre, le sueltas: ¡vaya gordo que estás!... No sé si se me entiende.

Ignacio, por otro lado, gracias por tus atenciones con mi libro.

Benito Castro.