19 de febrero de 2007

¿CÓMO COMUNICA UN GOBIERNO EN UN PAÍS INESTABLE?

Despunta el año de elecciones presidenciales en la Argentina y los candidatos se preparan en las gateras para la carrera hacia el poder. En ese contexto, las columnas sobre comunicación política se irán incrementando de aquí a octubre, mes de los comicios. Pero mientras tanto, el gobierno debe gestionar y comunicar, y este tipo de comunicación no suele ser tan estudiada en la Argentina. Me refiero a la comunicación gubernamental, que aparece siempre empequeñecida frente a la electoral, más cortoplacista y generosa en el aplauso.

La política tiene dos fases clásicas para aquellos que hemos hecho estudios de ciencias políticas: la faz agonal, de lucha por el poder, y la faz arquitectónica, de ejercicio del poder conseguido en la fase anterior. De la misma manera, un día la campaña electoral termina y el candidato ungido gobierno debe emprender la más difícil actividad, valga la redundancia, de gobernar. Y aquí la biblioteca se divide sobre cómo hacerlo.

Tomo dos autores notablemente contrapuestos. Uno es Felipe Noguera, consultor reconocido y matemático graduado en Oxford, quien en la obra “Estrategias de comunicación para gobiernos”, de varios autores, desarrolla el concepto de campaña permanente. Según él, un gobierno vive en campaña porque así lo determina el día a día y la necesidad de ganar la elección cada día para legitimar y acumular poder.

Dice Noguera: “La campaña permanente no empieza en un momento determinado, sino que siempre está allí. Sucede algo similar a lo que ocurre con el fenómeno de la globalización: un país no puede decidir si va a ser parte de la globalización o no. Ya es parte, y su tarea es, en todo caso, ver cómo participa ventajosamente de este fenómeno, del cual no se puede abstraer”.

De todas maneras, Noguera aclara que los objetivos de largo plazo son importantes, porque de lo contrario “los problemas de corto plazo van consumiendo la energía y el tiempo del candidato, del presidente, del gobernador”. Pero sin embargo, no queda del todo claro cómo esa campaña permanente se concilia con el largo plazo del estadista.

En la vereda opuesta se sitúa Mario Riorda, decano de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Católica de Córdoba, quien postula una acción “incrementalista” y un “mito de gobierno” que mantengan un equilibrio entre el corto y el largo plazo. En “La construcción del consenso”, libro reciente del que es uno de los tres autores, caracteriza el incrementalismo como la acción de gobierno basada solo en objetivos accesibles y realistas, que con su lenta consecución vayan dando paso a las metas de largo plazo fundadas en un mito de gobierno, es decir, en una idea-fuerza que proyecte una visión del futuro que el gobierno les ofrece a sus ciudadanos.

El incrementalismo, dice Riorda, “recurre al establecimiento de políticas fundadas en la experiencia que, por otra parte, no hagan quedar preso al gobierno de objetivos irrealizables que generen intensos procesos de frustración”. Este sistema tiene en cuenta el contexto de fuerte inestabilidad política e institucional característico de los países de América Latina, que no permiten acciones basadas del todo en instituciones fuertes y previsibles sino que dependen más bien de legitimidades dadas por encuestas y apoyo popular frágilmente fundado en carismas.

El enfoque de Riorda, entonces, pretende dar un sustento realista para encarar de a poco acciones de largo plazo, inspiradas en un mito de gobierno –un ideal- que es la causa final de la gestión. La crítica al modelo de campaña permanente está dada en la ausencia de esta visión a largo plazo, que agota el modelo en el día a día.

No hay comentarios.: